MIS POEMAS DEDICADOS

PRIMAVERA EN OTOÑO
A mi amiga Paqui, empeñada en ser sombra
siendo un radiante amanecer.
La flor más hermosa
del bosque sombrío,
escarcha de plata
del invierno frío,
está la más triste
sin saber porqué;
suspira en el aire
del amanecer.
Siendo primavera
es hoja caída
de tonos rosados
al viento mecida,
en medio de nubes
que le impiden ver
arcos de colores
que bañan su ser.
Quisiera ser trova
que alegre tu vida
y olvides las cosas
por las que sspiras.
Quisiera de cirte
y hacerte entender
que siendo flor pura
nada has de temer.
A MI PROFESOR
A D. Eduardo Fernández Cuesta
(q.e.p.d.), mi querido profesor.
Cara de bonachón, ameno y divertido.
Serio en sus enseñanzas, paciente y machacón,
taniendo por batuta directora
una vara de plátano oriental
que da, de tarde en tarde
avisos de amenaza que pocas veces cumple.
Cuántos recuerdos; cuánta nostalgia
de una infancia feliz
a pesar de sus carencias.
En una clase polivalente
saturada de niños ávidos de juegos
y travesuras, que llevaba con paciecia
en su avanzada edad.
No he visto más entrega, ni he visto más cariño
encerrado en un cuerpo.
Cuánto te echo de menos a pesar del tiempo,
y, escuchar tus consejos de padre y de tutor.
Aún, maduro te añoro.
Quién volviera a ser niño sólo por un instante
para verte de nuevo, querido profesor.
ESPERANZAS
A todos cuanto mantengan viva la esperanza.
Voy caminando a ciegas,
viendo sin ver,
oyendo sin oir,
pensando sin pensar.
Creyendo sin creer,
sintiendo sin sentir,
soñando sin soñar.
Ilusiones vagas,
esperanzas rotas
que en el mar no nadan
y en éter, flotan.
Yo quiero creer
y quiero sentir.
Yo quiero soñar
y quiero esperar
en un tiempo nuevo
en que la esperanza
sin puntos de sombras
sea realidad.
SI ALGUNA VEZ DUDÉ
A los dubitativos
Si alguna vez
he caminado vacilante,
han sido las circunstancias
imprevistas e inhóspitas
las que me condujeron
por ese sendero.
No soy hombre
de dudas encontradas,
aunque alguna vez
sea débil.
Aunque alguna vez
me tiente el destino.
Pero siempre supero
con fuerza vital
esos reveses
que encuentro en el camino.
OFENDER AL AMOR
A los que aman
Quien dice "hacer el amor"
no sabe que está diciendo,
porque el amor no se hace,
se siente dentro; muy dentro.
Notar en tu pecho amor
es decir que estás sintiendo
pasión, ternura y entrega
de alma y de sentimiento.
Es algo más el amor
que el roce entre dos cuerpos,
es, algo que sobrepasa
nuestro propio entendimiento.
Amor no es solo placer
que también es sufrimiento,
es sacrificio y deseo,
el sexo es un complemento.
Quien lo hace sin amor
y amor cree estar hacendo,
no sabe lo que es amor
y al amor está ofendiendo.
TÚ, NICOLÁS
A mi nieto....
Eres el manojito de mirra
del Cantar de los Cantares.
Como una paloma que anida
en las grietas de la roca,
o en los escondrijos de muros escarpados,
así irrumpiste en mi vida.
Como en el Cenáculo del Rey Salomón,
hecho de madera de cedro del Líbano,
te acogeré con amor en mi pecho.
Ojos azules de paloma y tez
como la nieve blanca del monte,
soplo de brisa perfumada de jazmín;
te tengo delante, y así me pareces.
Te acaricio, te abrazo y sueño.
Seré para tí como a viña de Baal-Hamón,
corre hacia ella en tus tribulacioes
que será para ellas un remanso de paz,
la fuente el jardín y pozo de agua
donde saciar tu sed.
Se fuerte, se viril, se hombre, se humano,
y sobre todo, se tu mismo.
Tú, Nicolás, mi querido nieto.

CARMEN
A Carmen Trujillo
La ciudad donde vives se empequeñece
cuando posas tus pies sobre su asfalto,
las calles te dan felices su bienvenida
y hasta el aire parece que es más feliz.
las flores abren sus pétalos con tu presencia
y hasta esparcen su aroma cuando las miras,
se ruboriza el clavel y se vuelve rojo
y el geranio y la rosa sienten envidia.
El jilguero canta y trina el ruiseñor,
y el perro que madruga ladra de gozo,
el cielo se viste de traje azul marino
y el sol en naranja se transformó.
Quién fuera en esos momentos
ave, flor, cielo y sol
y gozar de tu presencia al paso airoso
por la calle sinuosa de la ilusión.

A MI AMIGO QUE SE FUE
Málaga, 1968
Ausente amigo Pablo:
hace ya tiempo que no veo
tu silueta, unque joven, encorvada.
Mis ojos, los que un día
se acostumbraron a tu presencia,
echan de menos tu risa melancólica.
Quizás por no ignorar que te aguardaba
el triste fin que hoy se ha cumplido,
fundiste la sonrisa en la tristeza
y, después de ser flor en su apogeo
lentamente te fuiste marchitando
hasta que la quimera se hizo un hecho
cruelmente real.
En la aglomeración de los recuerdos
que invaden mi cerebro
no acierto a distinguir el más feliz
pues ahora me lo impiden
lágrimas interiores.
Ya te fuiste; te fuiste con tu metamorfosis:
risueño y feliz antes,
callado y melancólico después.
Con la melancolía
del temor y el presagio sostenidos.
Ya los recuerdos
de nuestros juegos infantiles
lapidan la pared en que te apoyabas
en un intento de volver a la niñez
cuando apenas ventiseis años
eran la suma de tu vida.